[Publicado, 22/06/2008, El Mercurio de Valparaíso] Eliminar el impuesto específico a las gasolinas, entregar bonos de invierno, otorgar subsidios a los colectiveros…Todos, absolutamente todos los sectores lanzan sus propuestas a la hora de enfrentar el alto costo que significa vivir. Incluso, algunos optaron por salir a las calles y hasta paralizar para expresar su descontento. La razón es clara: La inflación ya no es un fantasma que ronde nuestra economía, es una realidad fuerte y poderosa que a la gran mayoría de los chilenos tiene con loa nervios de punta. Y es que estamos hablando de carestía en los alimentos, combustibles, luz, gas, electricidad y hasta en los medicamentos. Nada se salva. Para donde uno mire, hay un alza que se debe enfrentar con el mismo sueldo.
Sin duda, el producto simbólico de esta carestía es el pan ($900 el kilo en promedio), alimento esencial en los hogares de menos recursos. Incluso, hay estadísticas que revelan que allí se consume entre 150 y 200 kilos de pan por habitante al año, a diferencia de los sectores más acomodados que consumen sólo 50 kilos y menos.
Además, está demostrado que en Chile el aumento del precio del pan no disminuye su consumo pues ante el alza del costo de la vida, los consumidores modestos tienden a transformarlo en su alimento básico e incluso aumentan su adquisición, para defenderse del aumento de otros productos de consumo como lácteos, carne, verduras y fruta.
Los más castigados
En este tipo de hogares, los alimentos -precisamente uno de los ítems que más se han encarecido en los últimos meses- representan casi el 40% del gasto familiar.
El 20% más pobre de la población sufrió un aumento de 9,7% en el costo de la vida en abril pasado, respecto de igual mes de 2007, mientras que el quintil más rico registró un aumento de 6%, según un análisis actualizado por niveles socioeconómicos realizado por el Instituto Libertad y Desarrollo (LyD).
La entidad hizo esta actualización sobre la base de la nueva Encuesta de Presupuestos Familiares correspondiente a 2007.
En doce meses, hasta abril, los precios de los alimentos subieron en 18,2%. Representaron el 37,5% del gasto medio de los hogares más pobres, y el 14,6% del quintil más rico.
Principales alzas
Algunos precios que registra en mayo el Instituto Nacional de Estadísticas para los productos de la Canasta de Alimentos Básica (CAB) que se considera en el análisis se aprecian en la ilustración, donde el arroz, la carne y los porotos han experimentado las principales alzas.
Recordemos que la inflación en Chile llegó a 7,8% en el 2007, la más alta en 12 años, y muy por encima de la meta del Banco Central de un 3,0 %
Compartimos con ustedes el caso de tres familias con distintos poder adquisitivo, quienes aplican diferentes fórmulas para enfrentar esta carestía.
RECOMENDACIONES: Marcos Gómez, economista Universidad Adolfo Ibáñez.
- Conversar con los miembros de la familia que vienen momentos difíciles y que entre todos se debe hacer un esfuerzo para gastar menos y cuidar lo que se tiene.
- Dado el alza de tasas de interés, se hace más cara la compra a crédito, por lo que se debe evitar el uso de tarjeta de crédito para el pago de bienes perecibles, en más de una cuota. Es altamente inconveniente hacer en el supermercado la compra semanal o mensual a más de una cuota (2 ó 3).
- Bajar el gasto suntuario, pues hay alimentos de primera necesidad que han subido muchísimo, y que son difíciles de sustituir o eliminar.
- Realizar compras en volúmenes, pues el valor unitario es menor.
- Sustituir alimentos más caros por otros más baratos, aunque implique variar levemente nuestro estilo de alimentación.
- Fomentar en el hogar la cultura del ahorro energético.
- Disminuir el consumo (dentro de lo posible) de aquellos bienes que han aumentado fuertemente su precio.
- Aprovechar las ofertas ocasionales.
Familia: Chapa- Sanhueza
Rango ingreso familiar: hasta $250.000
Integrantes de la familia: 5
Mascotas: 1 gato
“Ahora todo es más difícil”.
“Yo trabajo como empleada doméstica de lunes a viernes en una casa y hago labores en otra los sábados. Mi marido trabaja en la construcción, y esa es una pega súper inestable, así es que a veces pasamos períodos muy duros. Lamentablemente, ahora todo es más difícil, porque las cosas han subido demasiado y por eso no hay bolsillo que aguante.
Ante esta carestía, nosotros optamos simplemente por no tener ningún sistema de calefacción. En la casa andamos todos bien arropados y, por último, si hace mucho frío, nos acostamos temprano. Por lo tanto, el gas licuado es sólo para cocinar.
En cuanto a la comida, ahora compramos sólo un kilo de pan, y eso tiene que durar todo el día. Antes comprábamos hasta dos kilos diarios, pero nos hemos tenido que acostumbrar a comer menos nomás.
Vamos una vez al mes al supermercado y compramos lo más barato o lo que está en oferta. Las legumbres las compramos en negocios donde venden comida para perros y gatos, creo que son semillerías, porque allí los porotos son un poquito más baratos.
Para qué decir de las frutas y verduras, simplemente hay cosas que no comemos, como la palta, los porotos verdes y las arvejas. Esos son lujos que nosotros no podemos darnos. Sólo compramos papas, zanahorias, cebolla, lechuga y manzana, lo justo. En otras palabras, siempre estamos viendo cómo podemos ahorrar más, pero igual nos amargamos cuando vemos, por ejemplo, que ahora subió el pasaje de la micro. Eso, sin duda que nos afecta, porque todo peso para nosotros es valioso y cuesta ganarlo”.
Familia: Herrera-González.
Nivel socioeconómico: Clase media (nutricionista e ingeniero)
Integrantes: 4
Mascotas: 1 perro
“Antes podíamos ahorrar”
“Nosotros somos cuatro en mi casa, porque vive mi mamá con nosotros. Mi marido trabaja en Santiago, así es que viaja sólo los fines de semana, por lo tanto, a mí me toca hacer las compras, y como soy nutricionista, siempre sé qué productos tengo en frente. Por lo mismo, tengo plena conciencia de cómo ha subido todo. De hecho, antes teníamos capacidad para ahorrar y ahora no. Antes podíamos darnos ciertos lujos como salir a comer fuera. Antes, gastábamos nomás, ahora en cambio sacamos cuentas antes de comprar algo. Es terrible el cambio, por eso, en vez de lamentarnos, decidimos hacer algunas modificaciones básicas en nuestro presupuesto. Por ejemplo, tuvimos que prescindir de la nana, porque esa plata ahora la destinamos a alimentación. La razón: los precios se han elevado tanto, que ahora gastamos 30 % más que el año pasado. Y lo que es peor, compramos menos y de menor calidad, porque yo he sacado la cuenta que si compráramos lo mismo, nuestro presupuesto asignado a alimentación aumentaría en un 50%.
En lo concreto, no compramos palta, y los limones los reemplazamos por jugo envasado. Tampoco compro frutas fuera de la estación, porque son más caras y dejamos fuera de la lista todo aquello que no es básico, es decir, nada de cosas ricas o cosas extras. Ahora compro pan de molde, porque si compro marraqueta, se va todo en la once. Mi gente come hasta 8 rebanadas diarias, lo que equivale sólo a dos marraquetas, por lo tanto, da la sensación de comer más, pero la verdad es que no es así.
Antes comprábamos todo en el supermercado del barrio, ahora en cambio, las frutas y verduras trato de adquirirlas en la feria y voy al supermercado del plan de Valparaíso, porque es más barato. Incluso me cambié hasta de supermercado. Es más, antes comprábamos cosas para guardar en la despensa, ahora compramos sólo lo justo. Pero eso no es todo, también cambiamos el gas y los artefactos eléctricos por la leña. Eso sí, la inversión inicial de la combustión lenta fue muy alta, pero se compensó con el beneficio que proporciona. Y bueno, yo todavía estoy yendo al trabajo en auto, pero si sigue subiendo la bencina, tendré que recurrir a la locomoción colectiva, no hay otra”.
Familia: Hermanas Pavez Loza,
Integrantes: 2
Presupuesto familiar: inferior a $500.000
Mascotas: no
“Ahora entendemos a mis papás”
“Todo está súper caro, y como los sueldos no suben, uno se las tiene que arreglar. Para nosotras ha sido difícil, porque hace poco que vivimos solas y ganamos un sueldo, y nunca antes habíamos tenido que enfrentarnos a esto de planificar los gastos, buscar ofertas, ordenar las platas y ver cómo podemos estirar la billetera para que alcance. Ahora entendemos a mis papás cuando decían que las cosas estaban caras y que había que ahorrar. Siempre andamos en plan de apagar las luces, hacer las duchas más cortas, usar ampolletas de ahorro energético, no comer pan porque está caro, y en fin, ahorrar todo lo que se pueda. Antes comprábamos en el negocio de al lado la fruta y verdura, ahora vamos a la feria y a regatear precios. De verdad que a veces no alcanza.
El plan de ahorro también va en nuestro edificio. El otro mes nos subió el gasto común por la luz. Se disparó la cuenta, porque hay gente que no apaga las luces de los pasillos cuando éstas no se usan. Nosotras y las vecinas del piso de abajo, andamos en plan de apagar las luces siempre y de hecho, estamos pensando en colocar unos carteles para que otros vecinos tomen conciencia. De verdad que si uno no se pone las pilas, las cuentas se lo comen vivo y los sueldos no suben, así que no queda otra.
Notamos la carestía en cosas básicas también, por ejemplo, antes podíamos comprar el champú que nos gustaba, ahora no, porque si compramos eso no nos alcanza para la leche descremada. Nosotras tenemos un presupuesto de 40 mil pesos para el supermercado y ahora con eso compramos mucho menos. Queso, descartado, porque está muy caro. El pan igual. Preferimos comprar galletas integrales, porque vienen en pack. Ya no más bebidas y hasta el confort estamos comprando el más barato. Es que las cuentas de luz, gas y agua se nos llevan toda la plata. Cuando recién nos vinimos a vivir sola, pagábamos 4 mil pesos de luz y ahora estamos pagando 6 mil 500. De agua pagábamos 4 mil 500 y ahora 7 mil, pero el gas es terrible. De 5 mil pasamos a 14.500 pesos!! Es terrible y eso que somos sólo dos personas”.

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